El contexto global en el que estamos tiene pluralidad de informaciones y poco conocimiento lo que provoca una falta de estabilidad en los individuos por una parte para comprender la realidad y su propia identidad. Esta estructura demanda una formación continua y supone individuos cambiantes en continua resignificación. El hecho de no poder definir esta realidad provoca inseguridades, esto lleva a un progresivo aislamiento, lo que a su vez conlleva al embrutecimiento de los sentidos, la cosificación del pensamiento y por lo tanto de la autoestima y de las relaciones mismas. Se forman identidades débiles que se apoyan en el consumo y en el placer inmediato.
Se ha pasado de lo rígido a lo líquido y esta falta de rigidez se ha extendido hasta las empresas que antes aportaban identidad social. Se pasa del sector secundario al sector servicio y este con la nueva economía está orientado al consumo y a adaptar sus estructuras a las demandas de consumo. Se crean productos para que la gente se identifique con ellos. Se recopilan identidades en base al consumo, es decir hay una serie de identidades construidas que se basan en una serie de elementos de consumo y de servicio.
Al no estar reforzada la identidad la publicidad juega con los sentidos en función del placer. Se busca lo efímero la satisfacción inmediata para el bien de los placeres y estos actúan como una válvula de escape de los conflictos internos. Esta sociedad de consumo genera un atrofio de las identidades.
Si antes para la socialización intervenía la familia ahora son los objetos de consumo, para que esto funcione el individuo debe ser consciente del cambio y de las movilidades. Nos guiamos por las modas y asociamos a nuestra personalidad las diferentes cosas que se nos ofertan. . Somos ya una sociedad de la información. Y hay que tener en cuenta el carácter unidireccional de las tecnologías y nuestros usos con respecto a ellas en tanto a objeto material en si, como a objeto tangible que produce objetos intangibles. La televisión, publicidad, etc.… pertenecen a una empresa y esta tiene sus características, objetivos e intenciones.
Los objetos materiales están siendo determinantes en la conformación del yo y por tanto de nuestra interpretación de la realidad. Todo esto crea un yo mediatizado que provoca temporalmente seguridad. Los individuos son presos de una hiperrealidad la cual responde temporalmente a las preguntas; ¿Cómo yo quiero ser?, ¿Cómo yo debo ser?, o ¿Qué cosas consumen los que son como yo quiero ser?
Muchas identidades hacer referencias a prototipos superfluos. De los posibles estilos de vida elegimos el de consumo pues estamos condicionados. Parece que es la única identidad segura en la que se maximiza sus beneficios y se está abierto a cualquier cambio.
Aspectos que antes tenían un significado ahora han sido resignificados como el sexo y el arte han pasado a ser elementos de consumo.

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