El contexto global en el que estamos tiene pluralidad de informaciones y poco conocimiento lo que provoca una falta de estabilidad en los individuos por una parte para comprender la realidad y su propia identidad. Esta estructura demanda una formación continua y supone individuos cambiantes en continua resignificación. El hecho de no poder definir esta realidad provoca inseguridades, esto lleva a un progresivo aislamiento, lo que a su vez conlleva al embrutecimiento de los sentidos, la cosificación del pensamiento y por lo tanto de la autoestima y de las relaciones mismas. Se forman identidades débiles que se apoyan en el consumo y en el placer inmediato.



